sábado, 29 de agosto de 2015

CON OTRAS GAFAS / Luchando por Dunia


Chelo curando a Dunia en el Materno Infantil. Foto: Alex Zea

La niña de la fotografía se lllama Dunia, tiene 12 años y está ingresada en el Hospital Materno Infantil de Málaga. Sufre una de esas enfermedades tildadas de "raras" consistente en la extrema sensibilidad de su piel y sus mucosas. La llaman 'piel de mariposa', una nombre dulce que esconde una supervivencia muy amarga. Las molestas ampollas son sus compañeras de viaje en su día a día. Requiere de continuos cuidados por parte de sus padres y los médicos que la atienden. Desde hace dos meses permanece en el Hospital Materno Infantil de Málaga debido a una infección en la garganta. Cuenta Marina Fernández en La Opinión de Málaga que Dunia "mira a los ojos fijamente cuando habla" y muestra un "rictus serio" a la persona que habla con ella. A pesar de todo, Dunia ríe, "porque es una niña, aunque por dentro tenga la madurez de una adulta. Es la alegría de su casa, aunque también dé quebraderos de cabeza".
Detrás de esa niña que madura empujada por los golpes de la vida, hay unos padres que, ilusionados, la adoptaron con solo tres años. La crisis se llevo por delante sus trabajos y ahora sobreviven con un subisidio de unos 400 euros. Carlos, que ha trabajado como conductor, y Chelo, que lo hizo en un supermercado, tienen que afrontar cada mes gastos de 700 euros en pañales, pomadas y medicamentos. Una auténtica losa económica para ellos. La durísima situación en la que sobreviven ya les ha obligado a sustituir medicamentos de marca por genéricos y que Dunia dejara de hacer rehabilitación provocando la atrofia de sus manos.
Desesperados, han acudido al periódico para pedir públicamente un puesto de trabajo y apoyo económico. Su gran esfuerzo, entrega y generosidad están ahí, siguiendo el camino de la esperanza que les señala Dunia. La niña de los ojos abiertos, rictus serio y sonrisa innata.


miércoles, 26 de agosto de 2015

Talleres y cursos en el mes de septiembre




El Teléfono de la Esperanza de Málaga ha preparado una intensa agenda de cursos y talleres para los próximos meses. Algunos de ellos son muy innovadores. Si estais de vacaciones, podéis dedicar un rato a conocer todas las actividades y elegir la que os guste más. Todas son para mejorar el equilibrio personal y la salud emocional.
Os recordamos que en la parte derecha del blog, tenéis la información sobre los talleres 'Curar al niño interior herido', 'Inteligencia Emocional', 'Bioenergética' y 'Aprendiendo a vivir en atención plena'.


Las inscripciones se hacen llamando al 952/652651
o en este enlace: Actividades

Solo tenéis que acceder a una de los talleres o cursos y se abrirá una explicación. Al final del texto, se accede a un formulario de inscripción a través de la frase 'inscríbete en el curso'.



martes, 25 de agosto de 2015

El poder está dentro. Técnicas para recuperar la fuerza interior



Foto: mpmejia.empowernetwork.com

María Guerrero Escusa
Psicóloga y presidenta del Teléfono de la Esperanza de Murcia

Somos buscadores incansables… Buscamos la felicidad en todos los rincones, detrás de cada cosa que hacemos, de cada persona con la que entablamos una relación. Buscamos tener, ganar, pretendemos éxito y poder, pensando que, una vez logremos nuestros objetivos, obtendremos la ansiada felicidad. Sin embargo, tras conseguir nuestros logros, esta no llega tal y como la habíamos imaginado. A menos que conozcamos la verdad de nuestro ser, no podemos experimentar la gran bendición que es la vida, no podemos inundarnos del gozo de ser, simplemente por ser. La felicidad no está allí dónde la buscas. La felicidad está en ti, en quien eres, en el amor que sientes y, a menos que sientas con intensidad esa fuerza interior que conforma tu ser, no podrás conectar con tu poder, y no me refiero al poder sobre los demás, ni a una posición de poder, sino a ese poder con el que naciste y que fuiste perdiendo con el paso de los años. 

Buscando en los otros, desesperadamente 
Pero equivocamos el camino y comenzamos a buscar nuestro poder fuera; en los padres, en los superiores, en los sabios, en los magos, en la medicina, en la religión.., resultado: una búsqueda infructuosa porque, en realidad, nuestro poder siempre ha estado dentro de nosotros mismos, en nuestro interior. Nuestro poder interior brilla y se expande en función de nuestras vivencias y comportamientos, es el motor de nuestra felicidad. El poder interior procede del tipo de persona que somos, de lo que hacemos cada día con nuestra vida. La persona que siente su fortaleza tiene una autoestima saludable, se conoce bien, se acepta como es y acepta tanto sus capacidades como sus limitaciones, sus debilidades, sus miedos, sus errores, no necesita satisfacer ideas de perfección, es capaz de ser fiel a sí misma, sin pretender ser lo que no es para impresionar, no necesita dominar a los demás para sentirse poderosa, se siente libre y persigue sus propias metas. Nuestra fortaleza, es esa energía que nos permite permanecer equilibrados y persistir ante las diversas circunstancias que podamos vivir a lo largo de nuestras vidas, nos otorga la capacidad de decidir y nos permite mantenernos en pie sin perder nuestro equilibrio mental y emocional. Es el motor que nos permite alcanzar nuestros objetivos, de tal modo, nos permite ver los obstáculos como aprendizajes para crecer a través de ellos e impedir que se transformen en una traba en el logro de nuestros propósitos. Una persona conectada con su fortaleza interior es aquella que sabe adecuarse a los cambios, aceptarlos como un modo de crecer y evolucionar, que se deja fluir sin resistirse a su realidad, que es flexible como el bambú que se dobla pero no se rompe. Algunas ideas para empezar.

Aceptación de quienes somos y de nuestras circunstancias. Somos seres completos, nacimos con todo lo que necesitamos para ser felices, disponemos de las capacidades para vencer cualquier obstáculo que nos ponga delante la vida, solo falta que creamos en nosotros mismos, conectemos con nuestra fortaleza, pongamos en marcha nuestros recursos y nos dejemos fluir. Aceptarnos significa dejar de juzgarnos, de criticarnos, de infravalorarnos o de etiquetarnos. Aceptar nuestras cualidades físicas, intelectuales, emocionales “Con lo que nos gusta más, con lo que nos gusta menos, este soy yo y así está bien”. Aceptar también nuestras experiencias, lo que no significa que se correspondan con nuestros deseos ni que sean nuestra preferencia. Hay situaciones que no buscamos y sin embargo llegan. ¿Quién quiere sufrir la pérdida de un ser querido o padecer un cáncer? Si pudiéramos elegir, seguro que no lo haríamos. Ante situaciones así solo hay dos posibilidades de respuesta, rechazar o aceptar. Si elegimos rechazar la vivencia entraremos en un bucle de angustia y ansiedad, nos enfadaremos con el mundo, ¡por qué me ha tocado a mí! Si elegimos aceptar la situación tan cual nos la impone la vida, experimentaremos a través de lo que vivimos y aprenderemos a reconocer lo que es beneficioso para nosotros y lo que no lo es. Aceptando, abrimos nuestra consciencia a la experiencia, fluyendo, acogiendo cada momento como un regalo que es fuente de energía y nos restituye nuestro poder. 

Amarnos a nosotros mismos 
Amarnos a nosotros mismos es creer en nosotros y en nuestras posibilidades y permitirnos crecer con nuestra luz como guía. Cuando nos olvidamos de nosotros mismos, dejamos de ser quienes somos realmente y nos convertimos en prisioneros de nuestras propias limitaciones, lo que supone un gran obstáculo a nuestro crecimiento. Abandonarnos, no creer en nosotros ni en nuestras capacidades, es darle la espalda a la realidad de quiénes somos realmente. Si lo hacemos así, nos olvidamos de ser felices, alimentamos creencias limitadoras de nuestras potencialidades, nos colocamos en la posición de víctimas de los demás y de las circunstancias y nos convertimos en personas negadas y esclavas de sus propias incapacidades incapacidad. Os contaré una historia: Había una vez un jilguero que no quería cantar. Todas las demás aves se preguntaban por qué no quería cantar, y el siempre les respondía: “Jamás cantaré para ser objeto de burla” Un día, un perico se acercó al jilguero para decirle: “¿Por qué tienes miedo? Canta, que nadie se reirá de ti.” Sin embargo, el jilguero no quiso cantar, ni tampoco respondió nada. Luego llego una cotorra y también se acercó al jilguero y le dijo: “Te escuché una vez mientras cantabas en el bosque. ¡Tus cantos son hermosos!, ¿Por qué no quieres cantar ahora?” Aún así el jilguero siguió sin decir nada. Hasta que finalmente se le acercó un ruiseñor y comenzó a cantar de una forma muy hermosa. Sin embargo, el jilguero siguió con apatía, así que le preguntó: “Jilguero, ¿por qué no cantamos juntos? Haríamos un gran dúo”. El jilguero le confesó sus miedos al ruiseñor. Y éste le dijo: “No importa si cantas bien o mal, eso es asunto tuyo. Pero si no cantas, ni si quiera para ti mismo, entonces no eres un jilguero, ni eres nada.” Cuanto más nos negamos a nosotros mismos y cuanto más negamos nuestras capacidades, contaminamos nuestra mente con falsas creencias sobre nosotros y tenemos muchas dificultades para reencontrarnos con quien realmente somos. El riesgo, entonces, es seguir patrones aprendidos, vivir como nos dijeron que teníamos que vivir y actuar imitando modelos que impiden salga a la luz nuestro verdadero ser. Amarnos significa atrevernos a ser quienes somos, abrazar nuestra realidad, asumir el aquí y el ahora de nuestra vida, acogerla, vivirla con intensidad hasta llegar a trascenderla. La única vía para ser feliz es conectar con nuestra esencia. En la medida que logramos vivir más de acuerdo con nosotros mismos, nos hacemos más sólidos, tenemos más fortaleza y crece más nuestro poder interior. 

Respétate a ti mismo 
Respetarnos significa tener una actitud positiva hacia nuestro derecho de vivir y ser felices. Es reafirmar nuestra valía personal, así como nuestros pensamientos, deseos y necesidades y sentirnos merecedores de todo lo bueno que ocurre en nuestra vida. Cuando nos respetamos, recuperamos nuestro lugar en el mundo y legitimamos nuestro derecho innato a la alegría y la felicidad. La falta de respeto por uno mismo se manifiesta por comportamientos auto-disruptivos y por la traición que hacemos a nuestras necesidades. La consecuencia es devastadora, nos empobrecemos, nos quedamos estancados, nuestra autoestima resentida, el concepto que tenemos de nosotros devaluado. Este estado es terreno abonado para la ansiedad y la depresión, amén de para otras disfunciones emocionales. 

Poner límites adecuados 
Poner límites adecuados también significa respeto por nosotros y por nuestras necesidades. Sin embargo, con frecuencia, tememos miedo a ponernos “firmes”, para evitar que los demás nos rechacen o se enfaden con nosotros, y aguantamos… No deja de ser una triste forma de boicotear nuestros intereses y despreciar nuestras necesidades. ¿Te ha ocurrido alguna vez que has explotado? Seguramente que sí, cuando ya no podías más y la tensión te rompía la espalda. ¿Qué ocurrió cuando estallaste? Seguramente sucedió lo que te temías, se enfadaron contigo. De este modo confirmaste “ves, ya sabía yo que no podía expresar lo mío”. Errónea conclusión. Se enfadaron “Si somos capaces de superar nuestras limitaciones y avanzar, incluso en una circunstancia adversa, saldremos fortalecidos de la experiencia” Porque al aguantar tanto no expresaste, ¡explotaste! y una explosión arrasa. No esperes a estar saturado para poner límites, di no a las demandas que no te resulten aceptables, di no a lo que no quieras y dilo en su momento. Siente tu derecho a satisfacer tus necesidades y mantén tu derecho con una actitud positiva hacia ti mismo y si tienes miedo, recuerda: cuando tienes miedo a perder, nunca puedes ganar. Nos apropiamos de nuestro poder interior en la medida que nos respetamos, a partir de ese respeto también los demás nos respetarán. Asumir nuestra responsabilidad Es importante que vivamos conscientes de nuestras elecciones, y que sepamos que todo lo que hagamos tiene una consecuencia, ya sea positiva o negativa. Cada uno es el único responsable de su felicidad. Cuando hay un conflicto en nuestra vida, seguro que estamos participando en su inicio o en su mantenimiento, así que no podemos culpar a otros y responsabilizarlos de nuestra propia infelicidad. La responsabilidad es parte del respeto por nosotros mismos, así que, por mucho daño que nos hayan podido hacer, solo nosotros tenemos la llave para restaurar los agravios o decidir mantenerlos presentes en nuestra vida. De nada sirve mendigar a otros que nos hagan felices. Nadie se hará cargo de nuestra vida, ni aunque lo intente, conseguirá que mejoremos nuestra autoestima. Recuerda, si no, las veces que te han dicho un piropo ¡guapa, listo, inteligente…! y lo has recibido con incredulidad, incluso has pensado que se reían de ti. Solo tú eres el responsable del dialogo que mantienes contigo mismo, lo que te dices, como te tratas, como actúas y del resultado que obtienes para tu vida con tus pensamientos y tus actos. 

Vivir de acuerdo con nuestros propios valores. 
Cuando elegimos libre de influencias externas, nuestros pensamientos y acciones están en armonía con nuestros valores y, entonces, crece nuestra confianza, sentimos nuestra fortaleza y nos apropiamos de nuestro poder interior. Cuando hemos alcanzado nuestros logros y aún así no nos sentimos orgullosos de nosotros mismos, quizá sea porque no actuamos desde nuestros propios valores y seguimos las directrices que nos marcaron. Fíate de ti, de tu instinto, y no tengas miedo de seguir los dictados de tu corazón… Conectamos con nuestra fortaleza interior, cuando nos comprometemos con nuestro propio valor y actuamos de forma congruente. Cuando nuestras acciones contradicen nuestros compromisos o convicciones, perdemos el respeto por nosotros mismos y nos impedimos conectar con nuestro sentimiento de dignidad. Tú vales tanto como cualquier persona, eres digno de vivir desplegando todo tu potencial y eres digno de ser feliz, así que respira, siente tu poder y arriésgate a vivir siendo quien eres. Confía, el poder, la sabiduría y la fortaleza, están dentro de ti.

sábado, 22 de agosto de 2015

CON OTRAS GAFAS / Inspirando la humanidad mundial


Foto: www.acnur.es

El 19 de agosto de 2003 un atentado terrorista acabó con la vida de 22 trabajadores humanitarios en la sede de Naciones Unidas en Bagdad. Aunque en las guerras y conflictos armados se suelen utilizar y respetar los llamados pasillos humanitarios para atender a la población civil, aquel ataque fue una vuelta de tuerca, un desafío del terror a la civilización. Unos años después, el organismo internacional decidió conmemorar cada 19 de agosto el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria. El objetivo es sensibilizar a los medios de comunicación y la sociedad de la importancia del trabajo de tantas miles de personas que dan alimento, cobijo, educación y asistencia sanitaria a los millones de damnificados de los conflictos y las catástrofes naturales o provocadas por la mano de los hombres.
Los tiempos que corren son especialmente duros en este ámbito, ya que se estima que unos 50 millones de personas han tenido que dejar sus hogares a causa de las guerras y los conflictos. Solo 4 millones de ellas han abandonado Siria y estamos viendo como intentan entrar desesperadamente a Europa a través de los Balcanes, Grecia, Italia y Melilla. El total de personas necesitadas de ayuda se sitúa en los 100 millones, una cifra inmensa detrás de la cual están las historias personales de niños, mujeres y hombres que han tenido que dejar sus países o que viven en ellos pero en situaciones de emergencias por inundaciones, hambrunas o amenazadas por la violencia de los grupos armados. Estamos ante una crisis humanitaria que no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial.
La conmemoración de esta semana ha servido para reconocer a esos miles de trabajadores humanitarios que hacen posible que todas esas oleadas humanas puedan sobrevivir y luchar por tener un futuro digno. Bajo el lema 'Inspirando la humanidad mundial' se les ha reconocido y se ha recordado a todos los que han sido atacados e incluso asesinados trabajando por los más débiles.

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jueves, 20 de agosto de 2015

Ni agresivo, ni pasivo ¡el punto medio es posible !





El verano es propicio para aumentar la convivencia con familiares y amigos a los que dedicamos más tiempo compartiendo actividades, conversación, diálogo y escucha. En una tertulia entre un grupo de personas, se intercambian opiniones y se expresan sentimientos sobre cualquier tipo de cuestión. Es frecuente encontrar tres perfiles de personas, según el tipo de comunicación que empleen. Los agresivos intentan imponer sus criterios y dejan de lado los de otras personas e incluso ignoran los derechos de los otros. Los pasivos no sienten que sus opiniones sean válidas y evitan tomar posición, dejándose llevar por los demás. Por último, están las personas asertivas. Aunque el término asertividad no forma parte del diccionario de la Real Academia Española (RAE), proviene del latín assertus y quiere decir 'afirmación de la certeza de una cosa'. Una persona asertiva es la que afirma con certeza. Como modelo de relación interpersonal, se basa en conocer nuestros derechos, posiciones y sentimientos y defenderlos sin atacar a los demás. La asertividad está muy relacionada con el grado de madurez de las personas y sus factores emocionales.
La conducta asertiva se puede trabajar y aprender para avanzar en la madurez emocional. En el video, podemos ver las diferentes reacciones de varias personas ante un hecho y explicaciones sobre la base de la asertividad.